Educación Física: la ciencia detrás del desarrollo integral de nuestros hijos e hijas
Cuando pensamos en la asignatura de Educación Física, es habitual asociarla únicamente al juego o al “desahogo” entre clases teóricas. Sin embargo, la evidencia científica acumulada durante los últimos años —incluyendo varios metaanálisis y revisiones sistemáticas publicados entre 2020 y 2025— muestra que la actividad física regular y la Educación Física como espacio educativo estructurado inciden de forma directa en la salud, el desarrollo cognitivo, la salud mental, el rendimiento académico y las competencias sociales del alumnado. Esta entrada recoge parte de esa evidencia, como intento de poner en valor el trabajo que podemos realizar desde el área.
Un punto de partida preocupante.
Los datos globales sobre actividad física infantil y adolescente son una llamada de atención. Según el estudio de referencia de Guthold et al. (2020), publicado en The Lancet Child & Adolescent Health a partir de datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recogidos en 298 encuestas de 146 países y más de 1,6 millones de estudiantes, en 2016 el 81 % de los adolescentes de entre 11 y 17 años en el mundo no alcanzaba el nivel de actividad física recomendado (84,7 % de las chicas y 77,6 % de los chicos). Entre 2001 y 2016 la prevalencia de inactividad femenina prácticamente no varió, mientras que la masculina descendió muy ligeramente.
La infancia y la adolescencia son, por tanto, una etapa crítica en la que se consolidan —o no— los hábitos de movimiento que acompañarán a la persona el resto de su vida. La escuela, y en particular la Educación Física, es uno de los pocos contextos que llega a la totalidad de la población infantil con independencia de su origen socioeconómico, lo que la convierte en una palanca especialmente valiosa para revertir esta tendencia.
Qué recomienda la Organización Mundial de la Salud.
En sus directrices mundiales de 2020 sobre actividad física y comportamiento sedentario, la OMS establece, para la población de 5 a 17 años, tres recomendaciones centrales (World Health Organization, 2020):
- Una media de 60 minutos diarios de actividad física aeróbica de intensidad moderada a vigorosa a lo largo de la semana.
- Actividades de intensidad vigorosa y de fortalecimiento muscular y óseo al menos tres días por semana.
- Limitar el tiempo sedentario, en especial el tiempo de pantalla de carácter recreativo, si bien la propia organización reconoce que aún no existe evidencia suficiente para fijar un umbral exacto.
El mensaje central de estas directrices es que cualquier cantidad de actividad física es preferible a ninguna, y que más actividad reporta, en general, mayores beneficios para la salud (World Health Organization, 2020).
Beneficios para la salud física general.
La ficha informativa de la OMS sobre actividad física (World Health Organization, 2024) resume la evidencia disponible: en niños y adolescentes, la práctica regular se asocia con una mejor forma física (capacidad cardiorrespiratoria y fuerza muscular), una salud cardiometabólica más favorable, un mejor desarrollo de la densidad mineral ósea —clave en una etapa de crecimiento— y una reducción de la adiposidad corporal. A nivel poblacional, la misma fuente señala que las personas insuficientemente activas presentan entre un 20 % y un 30 % más de riesgo de mortalidad temprana que las personas suficientemente activas.
Un metaanálisis reciente de Mao y Li (2025), publicado en la revista Children a partir de 11 estudios con 963 participantes de entre 7 y 18 años, aporta evidencia más específica sobre la población con sobrepeso u obesidad: los programas de actividad física escolar redujeron de forma significativa el porcentaje de grasa corporal, la tensión arterial diastólica, los triglicéridos, la glucosa en ayunas, la insulina en sangre y la resistencia a la insulina. Los propios autores señalan que estos efectos fueron más consistentes cuando los programas duraban al menos seis semanas y se realizaban dos o más veces por semana, aunque no se observaron mejoras significativas en el índice de masa corporal ni en otros parámetros como el colesterol total.
El cerebro en movimiento: cognición, competencia motriz y rendimiento académico.
Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es que el beneficio de la actividad física no se limita al cuerpo. Un metaanálisis de Sember et al. (2020), publicado en Frontiers in Public Health, revisó 44 intervenciones escolares de más de seis semanas de duración y encontró un efecto positivo, aunque moderado, de la actividad física sobre el rendimiento académico. Los propios autores subrayan que dicho rendimiento no depende únicamente de la actividad física, sino que esta actúa como un factor más entre varios.
A nivel neurofisiológico, el trabajo clásico de Hillman et al. (2009) mostró que una sola sesión de ejercicio aeróbico moderado de más de 30 minutos puede aumentar la actividad eléctrica cerebral relacionada con el control cognitivo y mejorar el desempeño en tareas de atención en niños y niñas preadolescentes. Esta línea de trabajo se ha visto reforzada por evidencia mucho más reciente y de mayor calado: el metaanálisis de Bao et al. (2024), publicado en Sports Medicine —una de las revistas de referencia en ciencias del deporte—, sintetizó la evidencia disponible sobre la relación entre la competencia motriz (la habilidad para ejecutar movimientos fundamentales) y las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva) en niños y adolescentes de 5 a 18 años, confirmando una asociación positiva y consistente entre ambos dominios. Este hallazgo respalda la idea de que trabajar la competencia motriz en la escuela —uno de los objetivos centrales de la Educación Física— tiene un correlato en el desarrollo cognitivo.
Salud mental y bienestar emocional.
La investigación más reciente ha empezado a cuantificar también el efecto de la actividad física sobre la salud mental infantil y adolescente. El metaanálisis de Fu, Q. et al. (2025), publicado en BMC Public Health a partir de 30 estudios de intervención con grupo control, encontró que los programas de actividad física mejoraron de forma significativa la salud mental de los participantes frente a los grupos control (tamaño del efecto estandarizado = 0,37). Los efectos fueron especialmente marcados en la reducción del estrés (tamaño del efecto = 0,86) y en la mejora de la competencia social (tamaño del efecto = 0,56). El mismo estudio observó que las intervenciones de menor duración (menos de diez semanas) y mayor frecuencia semanal (más de tres sesiones) obtuvieron los efectos más favorables, lo que apunta a la regularidad como un factor tan relevante como la duración total del programa.
Más allá del aula: desarrollo social y emocional.
La Educación Física y el deporte escolar también constituyen un contexto privilegiado para el desarrollo de competencias personales y sociales. La revisión sistemática de Opstoel et al. (2020), publicada en European Physical Education Review, identificó once ámbitos de desarrollo personal y social vinculados a la participación en Educación Física y deporte: ética de trabajo, autocontrol, establecimiento de metas, toma de decisiones, resolución de problemas, responsabilidad, liderazgo, cooperación, creación de relaciones y amistades, comunicación y conducta prosocial.
Esta línea de evidencia se ha visto reforzada por un metaanálisis muy reciente de Fu, S. et al. (2025), publicado en Frontiers in Psychology, centrado específicamente en el alumnado de Educación Primaria, que encontró una asociación positiva entre la participación en actividad física y el desarrollo de la competencia socioemocional, entendida según el modelo de cinco dominios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): desempeño en tareas, regulación emocional, colaboración, apertura mental y relación con los demás. En la misma línea, un estudio transversal de Morcillo-Martínez et al. (2026), publicado en el Journal of School Health con 874 estudiantes de entre 10 y 16 años, encontró correlaciones positivas y significativas entre el nivel de actividad física y esos mismos cinco dominios socioemocionales del marco de la OCDE.
Por último, un ensayo controlado con diseño cruzado de Condello et al. (2021), publicado en International Journal of Environmental Research and Public Health con 181 alumnos y alumnas de quinto curso de Educación Primaria, mostró que un programa de Educación Física enriquecido con un enfoque multideporte produjo mejoras en habilidades motrices y en conductas prosociales —como la empatía y la cooperación— frente a un grupo control con Educación Física convencional.
Por qué importa contar con un especialista en Educación Física.
Un dato del metaanálisis de Sember et al. (2020) merece especial atención por parte de las familias: el efecto de la actividad física sobre el rendimiento académico varía según quién dirige la intervención. Cuando las sesiones eran impartidas por profesionales con formación específica en Educación Física y Ciencias del Deporte, el efecto medio observado fue notablemente superior (r = 0,22) al obtenido cuando las dirigía personal sin esa cualificación específica (r = 0,14). De las 20 intervenciones con efectos positivos y significativos sobre el rendimiento académico identificadas en el estudio, 13 fueron impartidas por especialistas cualificados. Este resultado respalda la idea de que la calidad pedagógica y técnica de la Educación Física —y no solo la cantidad de movimiento— es determinante para obtener sus beneficios.
Qué pueden hacer las familias.
En coherencia con las recomendaciones de la OMS (World Health Organization, 2020), las familias pueden reforzar desde casa el trabajo que se realiza en la escuela:
- Favorecer el movimiento cotidiano: desplazamientos activos (caminar, bicicleta) y juego libre al aire libre suman minutos hacia el objetivo diario de 60 minutos.
- Gestionar el tiempo de pantalla, especialmente el de carácter recreativo.
- Priorizar la constancia semanal frente a la actividad física esporádica u ocasional; la evidencia sobre salud mental (Fu, Q. et al., 2025) sugiere que la frecuencia semanal es incluso más determinante que la duración total de la práctica.
- Transmitir una actitud positiva hacia la Educación Física como asignatura con entidad propia, y no únicamente como un momento de recreo.
En síntesis.
La evidencia científica disponible —procedente de directrices de la OMS, metaanálisis, ensayos controlados y revisiones sistemáticas publicados en revistas revisadas por pares entre 2009 y 2026— respalda que la actividad física regular y una Educación Física de calidad, impartida por profesionales especializados, contribuyen de forma medible a la salud física y cardiometabólica, al funcionamiento cognitivo, a la salud mental y al desarrollo social y emocional del alumnado. Son razones suficientes para entender esta asignatura como una pieza central, y no accesoria, del proceso educativo.
Referencias.
Bao, R., Wade, L., Leahy, A. A., Owen, K. B., Hillman, C. H., Jaakkola, T., & Lubans, D. R. (2024). Associations between motor competence and executive functions in children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. Sports Medicine, 54(8), 2141–2156. https://doi.org/10.1007/s40279-024-02040-1
Condello, G., Mazzoli, E., Masci, I., De Fano, A., Ben-Soussan, T. D., Marchetti, R., & Pesce, C. (2021). Fostering holistic development with a designed multisport intervention in physical education: A class-randomized cross-over trial. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(18), Artículo 9871. https://doi.org/10.3390/ijerph18189871
Fu, Q., Li, L., Li, Q., & Wang, J. (2025). The effects of physical activity on the mental health of typically developing children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. BMC Public Health, 25, Artículo 1514. https://doi.org/10.1186/s12889-025-22690-8
Fu, S., Wen, P., Wu, J., Li, Z., & Zheng, Y. (2025). The effects of physical activity on social-emotional competence in primary school students: A meta-analysis. Frontiers in Psychology, 16, Artículo 1657165. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1657165
Guthold, R., Stevens, G. A., Riley, L. M., & Bull, F. C. (2020). Global trends in insufficient physical activity among adolescents: A pooled analysis of 298 population-based surveys with 1.6 million participants. The Lancet Child & Adolescent Health, 4(1), 23–35. https://doi.org/10.1016/S2352-4642(19)30323-2
Hillman, C. H., Pontifex, M. B., Raine, L. B., Castelli, D. M., Hall, E. E., & Kramer, A. F. (2009). The effect of acute treadmill walking on cognitive control and academic achievement in preadolescent children. Neuroscience, 159(3), 1044–1054. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2009.01.057
Mao, D., & Li, B. (2025). Evaluating the role of school-based physical activity in mitigating cardiometabolic risk factors in children and adolescents with overweight or obesity: A systematic review and meta-analysis. Children, 12(4), Artículo 439. https://doi.org/10.3390/children12040439
Morcillo-Martínez, A., Gómez-Barreto, I. M., Infantes-Paniagua, Á., & Fernández-Bustos, J. G. (2026). Socio-emotional skills and physical activity in primary and secondary education students. Journal of School Health, 96(5), Artículo e70152. https://doi.org/10.1111/josh.70152
Opstoel, K., Chapelle, L., Prins, F. J., De Meester, A., Haerens, L., van Tartwijk, J., & De Martelaer, K. (2020). Personal and social development in physical education and sports: A review study. European Physical Education Review, 26(4), 797–813. https://doi.org/10.1177/1356336X19882054
Sember, V., Jurak, G., Kovač, M., Morrison, S. A., & Starc, G. (2020). Children's physical activity, academic performance, and cognitive functioning: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Public Health, 8, Artículo 307. https://doi.org/10.3389/fpubh.2020.00307
World Health Organization. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240015128
World Health Organization. (2024). Physical activity. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/physical-activity